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Emotivo regreso al colegio 45 años después

Gema Leal es una usuaria de ATADI que vive en la Residencia Estrella de Teruel y asiste cada día al centro ocupacional de la entidad. A sus 70 años, Gema quería cumplir un deseo: visitar el Colegio de Educación Especial Amor Misericordioso de Menagarai (Álava) donde estuvo escolarizada desde los 9 a los 25 años. “He seguido hablando todos estos años con una de las profesoras, la hermana Vicenta Hernández y quería volver a verla y visitar el colegio”, explica Gema Leal.

Su deseo se hizo realidad a principios de noviembre, cuando viajó hasta la localidad de Menagarai acompañada por Mireia Rodríguez, monitora de ATADI que realizó el viaje como voluntaria para apoyar a Leal. El centro educativo, aunque reformado, mantenía gran parte de la apariencia que Leal recordaba. La antigua alumna reconoce que estuvo “muy emocionada” durante la visita.

Vicenta Hernández es la única persona que quedaba en el colegio de la época en que Leal lo dejó para volver a la provincia de Teruel, ya que es natural de Calaceite. A pesar de ser nonagenaria, Hernández mantiene una excelente memoria y compartió con su antigua alumna muchos recuerdos, además de mostrarle álbumes de fotografías de aquellos años, en las que Leal se reconoció junto a sus antiguas compañeras.

“Fui feliz en el colegio, hice muchas amigas”, afirma Leal. “Cuando tuve que dejar el colegio me dio mucha pena, la última noche allí la pasé llorando porque no me quería ir”, rememora.

 

16 años en Álava

 

El centro educativo está situado en Menagarai, una pequeña localidad perteneciente al municipio de Ayala, en Álava. “El pueblo estaba muy cambiado, con muchas casas vacías y ya no se veían animales”, comenta Leal, que paseó por el pueblo donde pasó 16 años de su infancia y juventud.

Durante su paso por el colegio, en el que Gema Leal estaba interna, se construyó el edificio actual, por lo que Leal recuerda cómo las propias alumnas limpiaron el nuevo edificio tras las obras. Además, “teníamos animales y los cuidábamos las alumnas, hacíamos matacerdo y también bajábamos a lavar al río”, enumera.

Este viaje ha sido una experiencia muy positiva, tanto para Leal como para Rodríguez. “Desde que supo que íbamos a ir a Menagarai, Gema estuvo muy emocionada. Solo por eso ya valió la pena”, asegura Rodríguez, que añade: “Gema ha podido cumplir esa ilusión que tenía y eso es muy importante”. A nivel personal, “ha sido de las cosas más bonitas que he hecho”, remata la voluntaria, que se encargó personalmente de preparar el viaje para que Gema hiciera realidad su deseo.